¿Puedo cambiar? O ¿Quiero cambiar?

¿Puedo cambiar? O ¿Quiero cambiar?

Sí, todos hemos dicho alguna vez “yo soy así, no puedo cambiar”, cuando la realidad es muy distinta.

La infancia es la etapa donde se empiezan a crear poco a poco los estratos de la personalidad, por supuesto la genética influye en este proceso, pero no determina. Ahora, dejando un poco de lado los tecnicismos, podemos decir que es el niño el que conduce al adulto que eres hoy, toda la información que recibiste y tu forma de interpretarla te han convertido en quien eres. Muchas veces procesos inconscientes son los que dieron lugar a la creación de ese magnífico “YO” que eres hoy, ese ser único e irrepetible, que aunque tenga semejanzas con otros no deja de ser un todo que no da permiso a la comparación. Sucede que la perfección inalcanzable a veces nos corroe, para algunos se presenta como el impedimento para reconocernos como sujeto capaz e importante, a otros les hace creer que se encuentran más cerca de ser el ideal deseable por todos, también podemos quedarnos en un limbo, donde no somos ni tan imprescindibles como quisiéramos ni tan marginados. Lo cierto es que el ser humano suele tener carencias emocionales, donde no estamos de acuerdo con lo que somos, o lo que somos afecta negativamente sentimientos de quienes son más cercanos a nosotros.

Muchas veces buscamos ayuda,en ocasiones de profesionales en el tema, otras de quienes las opiniones más nos interesan porque son los que suelen escucharnos y aportar a la disminución de nuestro dolor. Pero esta vez principalmente quiero hablarles a aquellas personas que afirman que NO PUEDEN CAMBIAR, a ti, si, a ti te digo que te equivocas, puedes cambiar, pero antes de hacerlo tienes que quererlo. ¿Te sorprende? ¿no me crees?. Primero, y aunque creas que es un método infantil, debes cambiar tu frase, ya no dirás no puedo cambiar, dirás, no quiero cambiar. Repítelo en tu cabeza cada vez que dudes. Algo que piensas que no puedes hacer te ata de pies y manos, pero algo que no quieres hacer te da la posibilidad de elegir, de escoger cómo enfrentarlo, de tomar el control, eso necesitas, tomar el control de lo que quieres para tu vida.

Cuestiónate a ti mismo, ¿que aspectos de mi vida me afectan?, ¿cómo influye mi forma de ser en ellos?, ¿qué me molesta en mi forma de ser o actuar ante ciertas circunstancias?, ¿afecta mi forma de ser a los demás, a alguien que realmente me importa?

Difícil encontrar respuesta acertada a estas preguntas, difícil entender y aceptar que no puedo cambiar el mundo ni a las personas que me rodean, que debo ser yo quien aprenda a convivir con los demás, o en su defecto permitir que los demás convivan conmigo. Aprender a ser flexibles, comprender que todos somos diferentes y por tanto nuestros pensamientos, actitudes o conductas no se parecerán aunque nos enfrentemos a la misma situación, aceptar al otro para favorecer que me acepten a mi.

Cambiar, ¿para qué? Que cambien los demás, yo espero por ellos para darles mi aprobación. ¿Correcto?, no lo sé, pero yo no puedo cambiar.

¿Crees que esta actitud te favorece? Puede que sí, pero puede sucumbas a ser todo lo que nunca quisiste, lo que odias de los demás, puede que seas o te estés convirtiendo en el individuo que criticabas en las reuniones donde no estaba presente, en esa persona que censura sin comprender,  que se rinde sin intentar, que cree todo lo que le dicen sin cuestionarse nada, que explota y manipula si se siente vulnerable o herido.

Empieza por pequeños pasos, por cambiar el no puedo por no quiero, por contar hasta 10 antes de dar una respuesta que pueda resultar hiriente, por hacer valer tus derechos, derechos, no caprichos; sin tener miedos, ni culpas, también sin olvidar los derechos de los demás. Aprende a decir NO cuando no te sientes cómodo, o cuando no estás interesado en la propuesta o cuando te piden que sobrepases tus propios pensamientos o ideas.

No tengas temor en conocer lo que no les gusta de ti a los demás, no eres perfecto, nadie lo es, aprende a manejar esa información, a sacar fruto de ella, a dar pequeños pasos, comprende que no tienes que cambiar todo de ti para agradar, pero que debes ser fiel a tus pensamientos y deseos conociendo que tampoco destruyes al otro.

¡Siempre con una sonrisa!, siempre que lo desees, siempre que estés a gusto con ello, siempre que así lo sientas.

¡Tienes que…! No tienes, debes. Cambia el tengo por debo, así restarás presión a lo que no lo requiere.

¡No te comportes de esa manera! ¡Cambia o te irá mal en la vida! ¡Piensa siempre en los demás primero! ¿Has escuchado estas frases?, ¿te las han dicho a ti? Es muy probable que sí, ¿son verídicas? Es tu elección. Tú permites que algo te afecte en mayor o menor medida, positiva o negativamente.

Tú eliges, tú tienes el control.

¡PUEDES CAMBIAR!

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